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21/06/2008 GMT -6

Soñémonos a nosotros mismos

encocostarica @ 16:39

Claudio Alpízar Otoya *

Solo logran avanzar en el desarrollo aquellas naciones que se sueñan a sí mismas. Muestra de ello lo ha sido Costa Rica desde sus inicios como República, que aún sumida en el atraso que le representó ser la zona más pobre y aislada del Virreinato de México, encontró en sus líderes la sabiduría para definirle un derrotero claro y ejemplarizante, soñaron desde entonces con un país exitoso e igualitario, en el cual las oportunidades poco a poco se fueron universalizando con el esfuerzo y el trabajo conjunto -en un territorio que se caracterizo por su riqueza natural más no por recursos minerales- lo que obligó a generar un sentido colectivo y solidario en la sociedad.

Así las cosas, con los inconvenientes obligatorios que deben transcurrir en la conformación de una nación, muchos difíciles de superar, pero que son fundamento del carácter y de la identidad nacional, forjamos un país que es ejemplo latinoamericano de lo que se puede realizar cuando existen las condiciones políticas, sociales y económicas que deben operan en un desarrollo humano. Desde la óptica social y política, nuestro país se puede considerar una nación desarrollada, pues apostó por procesos democráticos de elección popular, que pasaron por momentos difíciles tanto en 1889 como en 1948, pero que fueron superados con hidalguía, inclusive generaron instituciones fundamentales en ese desarrollo alcanzado, con servicios sociales y procesos democráticos de orden universal, hoy en día orgullo de sus ciudadanos.

En el plano económico, por diversas circunstancias, muchas ajenas a nuestra responsabilidad -al depender éste en mucho de factores de plano mundial y no únicamente de nuestros designios- hemos ido transitando por diversos senderos, en algunos casos obligados por las situaciones que se deben enfrentar ante un proceso de globalización del cual no podemos abstraernos. Empero, a partir de los años ochenta del siglo pasado, luego de la crisis de la década que antecedió, nos atrevimos nuevamente a soñarnos como nación, conocedores de nuestras virtudes y capacidades, así como de las limitaciones, apostamos sin temor por un proceso económico de apertura y competitividad mundial, sabedores de que la lucha no sería fácil, más cuando en ese espectro existían naciones muy versadas. Sin miedo logramos establecernos y posicionarnos mundialmente en diferentes áreas, al punto de que hoy en día somos la nación latinoamericana per capital más diversificada en la exportación. El no contar con un producto como el petróleo u otros minerales, nos obligo a tener creatividad; convertimos una debilidad en una potencialidad, igual que lo hicimos con la ubicación geográfica que en el pasado nos constituyo en la provincia más lejana, pobre y abandonada, lo que también transformamos, al punto de que hoy en día somos el país con los mejores índices políticos, sociales y económicos de América Central, incluyendo a Panamá, y superando en mucho a otras naciones del continente y el mundo.

La historia es madre y maestra, el conocimiento del pasado constituye una etapa indispensable en ese camino de soñarnos a futuro, es el arma más poderosa que podemos tener en esas facultades imaginativas, es en las entrañas de nuestra historia de donde debe brotar y sustentarse nuestras decisiones más importantes. Sino lo hacemos de esta forma nuestra mente se vera atrofiada ante la realidad.

Es la falta de imaginación, de soñarse a si mismas, lo que ha sumido a la mayoría de naciones americanas en la pobreza y la desventura, siempre buscando culpables de los fracasos fuera de sus fronteras. En Costa Rica apostamos siempre por cultivar las tendencias ideales en aras de perfeccionar nuestra imaginación política, por supuesto que hemos cometido errores, pero hemos tenido la capacidad para rectificarlos y reconocer la necesidad de establecer un punto de inflexión en el momento oportuno.

Entonces por qué tener miedo y decir No, cuando históricamente hemos sido capaces de decir Sí, cuando hemos sido irreverentes ante “realidades” que para otros países fueron obligaciones del destino, porque oscurecer el alumbrado de las fuerzas que han animado históricamente los ideales de esta nación con un No, cuando un Sí es la forma más acertada de mirar el futuro tal y como nos lo enseñaron las generaciones desaparecidas, quienes nos legaron el orgullo y la valentía de sentirse costarricense.

Digamos Sí y atrevámonos nuevamente a soñarnos como nación.

* Politólogo

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